La articulación temporomandibular (ATM), también conocida como la articulación de la mandíbula, es una de las articulaciones más complejas del cuerpo humano. Es responsable de la movilidad de la mandíbula, permitiéndonos hablar, masticar y tragar. Sin embargo, cuando esta articulación no funciona correctamente, puede provocar una serie de problemas y síntomas que afectan nuestra calidad de vida, como bruxismo, dolor en la mandíbula, dolores de cabeza, mareos, vértigos, dolor de oídos, acúfenos y dificultades para hablar o masticar. Afortunadamente, la fisioterapia de la ATM puede ser muy efectiva para tratar estos problemas y mejorar la función de la articulación.
Según estudios recientes, aproximadamente el 20% de la población puede experimentar algún tipo de problema relacionado con la ATM en algún momento de su vida. Es importante destacar que estos problemas afectan a personas de cualquier edad, desde niños a adultos o personas mayores.
La fisioterapia de la articulación temporomandibular es una especialidad que puede ayudarte a mejorar los síntomas y problemas asociados con la ATM. La fisioterapia utiliza diferentes técnicas para tratar estos problemas, incluyendo la osteopatía, el ejercicio terapéutico, la acupuntura o la neuromodulación entre otras.
- La Osteopatía tiene en cuenta la interrelación entre el sistema musculoesquelético, la esfera visceral y el sistema nervioso. Con la aplicación de técnicas manuales suaves, podemos ayudarte a mejorar la movilidad de la articulación y reducir el dolor.
- El ejercicio terapéutico puede ayudar a fortalecer los músculos que rodean la articulación y mejorar la estabilidad de la misma. El objetivo es reducir el dolor y mejorar la función de la articulación.
- La Acupuntura y la Neuromodulación son técnicas que se utilizan para aliviar el dolor y reducir la inflamación. Con la aplicación de pequeñas agujas, a veces conectadas a corrientes eléctricas de baja frecuencia, en puntos específicos del cuerpo, se estimula la liberación de endorfinas, lo que ayuda a reducir el dolor y mejorar la función de la articulación .
Será interesante también contar con la colaboración de un odontólogo especializado en ATM que valore otros posibles tratamientos desde su especialidad.
En resumen, la utilización de diferentes técnicas como la osteopatía, el ejercicio terapéutico, la acupuntura y la neuromodulación pueden ayudar a reducir el dolor, mejorar la movilidad y la estabilidad de la articulación temporomandibular. Si sufres de algún problema relacionado con la ATM, es importante buscar la ayuda de un profesional de la fisioterapia para recibir un tratamiento personalizado y efectivo.
Los más frecuentes son dolor en la mandíbula al masticar o abrir la boca, chasquidos o bloqueos articulares, dolores de cabeza de predominio temporal o frontal, sensación de oído tapado, acúfenos y mareos. En muchos casos el paciente no relaciona estos síntomas con la mandíbula, lo que retrasa el diagnóstico. Una valoración específica de la ATM permite identificar si el origen es articular, muscular o funcional.
La fisioterapia no elimina el bruxismo en sí —que tiene un componente neurológico y emocional importante— pero sí trata sus consecuencias: la sobrecarga muscular del masetero y los temporales, la pérdida de movilidad mandibular y el dolor asociado. El abordaje más completo combina fisioterapia con el seguimiento de un odontólogo especializado en ATM, así como el aprendizaje en el autotratamiento y realización de ejercicios terapéuticos.
Depende de la causa y el tiempo de evolución. Un cuadro agudo de dolor mandibular puede mejorar en 3-5 sesiones. Los casos crónicos, con bruxismo de larga evolución o síntomas asociados como acúfenos o mareos, requieren un proceso más progresivo. En la primera visita hago una valoración completa y te doy una estimación realista del tratamiento.
Sí. La ATM está anatómicamente muy próxima al oído y comparte inervación con él. Las tensiones musculares del masetero, pterigoideo o temporal pueden alterar la presión en el oído interno y generar acúfenos, sensación de oído tapado o mareos. Este origen suele pasarse por alto cuando solo se trata el oído sin valorar la mandíbula.